Dolor

Justo el instante en que se da cuenta de que está despierto pero se niega a despertar. Aprieta los párpados lo más que puede y siente el latido en las sienes. Quizá, si evita que la luz se cuele en su cerebro adolorido, pueda volver a dormir y no despertar hasta saber que no va a tener resaca. O no despertarse. Ese es un buen plan. No despertarse nunca, no volver a pensar más que las imágenes borrosas de los sueños. 
De pronto se le ocurre que cómo llegó a su casa. Estaba demasiado ebrio para manejar, ¿o no? Forro, despertate. Sí, estaba demasiado... ¿Cuál es la palabra? Se obliga a entreabrir los ojos. Apenas un poco, para adivinar la silueta del Negro contra la ventana, ya vestido. Tengo que irme a laburar, gil. El mínimo esfuerzo de sentarse hace que crujan desde los músculos de los pies a las conexiones de las neuronas.
Hacé una cosa, salí y rogá que alguien te abra la puerta de la calle porque llego re tarde. Ya se oye el picaporte. Si querés hay algo para la resaca en el baño. La puerta se cierra. De pronto, todo es silencio. Sólo un segundo y el zumbido de la heladera. Gente en el pasillo. Autos en la calle, al final del corredor. Gotas contra el techo, llueve. Una multitud de ruidos y ruiditos golpeando sus tímpanos.
Está bien, está bien. Se pone en pie, todavía sin conseguir ver claro. El mundo da vueltas y hay alguien apretándole el cráneo. Parpadea hasta que la claridad deja de lastimarle la vista. ¿Cuánto tomó? Recuerda encender el cigarrillo, el Negro rodeándole los hombros con un brazo y sentir los ojos húmedos. ¿Cuánto habló?
Está vestido pero la ropa da asco de tan arrugada y si el estómago sigue dándole tumbos así, pronto va a tener unas enormes manchas con olor a alcohol sin digerir. Se tambalea hasta la cocina. ¿Sus cigarrillos? Duda que sean esos, pero sirve. Son Camel, de Fran. Lo enciende con pulso débil y un fósforo que le chamusca los dedos.
Quiere recordar qué pasó anoche. Se le forman imágenes en la cabeza. Un dolor sordo en el pecho. La fotografía cerebral del comedor visto desde el sillón, de los chicos sentados en silencio sobre la mesa de patas vacilantes, del vaso vacío en su mano. De las caras de no sé qué hacer ahora de sus amigos borroneadas por las lágrimas. Es raro ver a un flaco como él llorar. Totalmente ebrio y escupiendo el dolor de adentro y llorando.
Una pitada y se apura al baño a vaciar la vejiga. No, no recuerda nada de anoche. Sólo el dolor de cabeza y la quemazón del alcohol en la garganta.

2 comentarios:

Maquina dijo...

me encanto!!

pasate por http://piremostodosjuntos.blogspot.com y dejame un pire, opinion o algo loco en mi blog

saludoss :D

fleew dijo...

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