Límite


El vaso tiembla en su mano. Una gota se acerca al borde. No puede ser que sólo él lo vea. La mano demasiado abajo en la curva de la espalda. La risa cómplice, su risa, la que le prometió sólo a él, sonando casi contra la boca de otro. De otra. Todos bailan alrededor como si tal cosa, como si el coqueteo no fuera dolorosamente obvio. 

Es sólo una amiga. Vamos a bailar un poco, así no te obligo a vos, total no te gusta. Pero están demasiado cerca. Es sólo una amiga pero. Demasiado. La conoce. La conoce hace una eternidad y sabe la forma exacta en que sonríe cuando está excitada, cuando dice una perversión cualquiera en el oído. Es suya, ¿cómo no va a conocerla? Le conoce la forma en que alza una ceja y la forma de moverse como desparramando su perfume.

Corazón, ¿me pedís una cerveza mientras nosotras vamos al baño? Las ve marcharse, el líquido en su vaso va a desperdiciarse. Las ve cruzar el bar, inivisibilizando a la gente alrededor, caminando a una distancia mínima. Las ve entrar al baño y una mano acariciando como si tal cosa el muslo perfecto de su novia. La puerta se cierra. Por las dudas, antes de que la histeria derrame el trago, se lo bebe. Siente el alcohol bajando por su garganta, la cabeza que por un momento le da vueltas. Le hace señas al barman, una birra. Juguetea con el vaso vacío, observa al muchacho servir los tragos, le paga. 
Pasan los minutos, da un sorbo distraído, mira con nerviosismo a la puerta del baño. Apoya la cerveza sobre la barra un poco húmeda, oye por sobre el ruido la puerta del baño abrirse. No es ella, y el movimiento brusco ha derramado el vaso. Disculpame; no, no hay drama; no, en serio, disculpame. Sale al pequeño patio, enciende un cigarrillo y pita, hondo, y deja escapar el humo junto a un montón de palabras en voz baja, de silencios acumulados.
El cigarrillo se le termina, no se muere si enciende otro. No quiere fijarse si ha vuelto. No quiere tener que enfrentarla. Debería, debería decir algo. No soy tan ingenuo, es lo único que atina a formular su cerebro. ¿Pensás que no es obvio? Es casi grosero. Se le ocurren insultos, increpaciones. Reclamos. Por todas las noches en que él no pudo dormir con ella porque su lugar en la cama estaba ocupado por su amiga tal o su amiga cual. Sí, se queda a estudiar, tenemos un final, mañana venís. 
Mi amor, el barman me dijo que estabas acá. ¿Qué pasa? Se la ve tan inocente. Pero. Los labios rojos, hinchados. Enciende un cigarrillo. ¿Estás bien? Sí, estoy bien. Andá con tu amiga, debe aburrirse. ¿Seguro? Sí, seguro, estoy bien.
Los besos tienen sabor a chicle de menta, pero ella no come chicles de menta y tienen el gusto de una mujer que no es ella. Quiere decirle. Hay límites. No puedo compartirte, no puedo. Quiero que seas mía, que me sonrías así sólo a mí. Pita despacio. Se apoya en el marco de la puerta, la observa mientras baila, el cuello marcado de mordidas de su amiga. De su amiga. Lo piensa con comillas aéreas y una mueca de desprecio. Con celos, con envidia pura.
¿Me das un fernet? 

3 comentarios:

Lucy in the sky. dijo...

¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! Nooooo, ¡queremos saber cómo termina! ¿La dejó por infiel de mierda? ¿Le gritó adelante de todo el boliche? ¿Se despechó con un muchacho? ¿La perdonó como un boludo? ¿Qué hizoooooooooo?
Buen comienzo :). ¡Suerte!

Dani Belen dijo...

Me encantó. Siento un rechazo hacia la flaca, me da pena el pobre chico, igual no se, muchas opiniones. Emm, este es el mejorado? porqe lei qe lo ibas a cambiar a Límite.. En fin, esta re bueno :)

joya dijo...

Me gustó muchísimo, felicitaciones.
Ahora, a ver como sigue!