Vergüenza

Quizá fue sólo un desliz, algo, por probar solamente, y no cambió nada. Se detiene en el semáforo. La ama, la ama con locura. Podría perdonarle un sólo desliz, un error. ¿Cómo no perdonárselo? Acelera, dobla a la derecha. Sólo hace una semana que no puede verla más que unos minutos y ya la extraña. Siempre uno de los dos tiene que irse al trabajo o a la universidad y son besos fugaces y conversaciones que no aclaran nada. Estaciona, se saca el casco.
Quizá fue sólo... Ella lo está esperando en la vereda, y la línea de pensamientos se diluye, se borra totalmente. Lo recibe con un beso, no en la comisura de los labios, no con sabor a boca ajena. Un beso que es todo ella y le hace olvidar hasta la última duda.
Suben, las llaves tintinean al caer sobre el sillón, la chaqueta se abandona en la mesa ratona. Comen entre risas livianas, hablan de la semana, en la conversación no hay ni una sombra. Ella le dice que lo ama. Le sirve una copa de vino, otra. Quedate ésta noche, mañana no curso hasta la tarde.
Fuman un cigarrillo en el balcón, apoyados en la barandilla. La avenida titila allá abajo y él pierde los miedos. Borra con una boconada de humo la mano de esa chica en el bar, rozando su espalda o sus piernas. La besa con besos posesivos. Tropiezan hasta la cama.
En el instante mismo en que su nuca toca la almohada, siente como el aroma se desprende con violencia de las sábanas. A sudor, a sexo, a perfume floral y chicle de menta. Olor que no es ella y que sabe bien que no es él. Olor a noches que seguro no se malgastaron estudiando.
Debería sentir odio, rencor. Algo. Traición. Le duele pero siente vergüenza. Quiere ser alguna silueta de curvas suaves, de piernas sedosas, de shampoo de frutilla. Quiere ser cualquiera de ellas, la amiga del bar o una compañera de estudios que no se quedó a dormir. 
Quiere ser cualquier cosa que ella pueda amar. No él. Quiere decir algo, quiere decirle perdón por no ser lo que querés, pero sólo sale un balbuceo de sus labios y el movimiento automático de acariciar su cabello.
¿Estás bien? No, estoy mareado, tomé mucho vino. Me siento mal. Ni él oye sus excusas. Se da cuenta de que no puede manejar de regreso. Quedate, corazón, está bien. 
Ella respira al compás de los sueños y el insomnio huele a perfume de mujer. 

1 comentario:

joya dijo...

Este me gustó más que los otros.. cada vez mejor :)