Venganza

En el patio hay un toldo, puesto desde la puerta corredera del dormitorio al tapial, que mantiene la mitad de las baldozas a cubierto. La D es su puerta, la última del pasillo. 
Se apresuran los dos por el corredor demasiado estrecho, ella diciendo por qué nadie puso un reparo en éste pasillo. Todos se quejan de eso la primera vez que tienen que cruzarlo con la ducha encima. La llave se traba en la cerradura, él suelta un insulto entre dientes. Al fin se abre, y los recibe el improvisado techo de lona.
Dejan la puerta sin llave. Hace frío pero no se molestan en entrar, están empapados. Se sientan contra la pared de la cocina, de frente a la lluvia que no se digna amainar. Ella nota que alguna gota apagó su cigarro, lo tira en la rejilla del piso. Él acomoda la bolsa en el suelo, y saca en orden, tres atados de cigarros y una botella de vodka. Ignora su mirada de sorpresa, con la voz ronca masculla no tengo fuego, abre un atado y le ofrece un cigarro. Ella lo acepta en silencio, y le tiende el encendedor. 
Me dijo el Negro, dice. ¿Qué te dijo? Se hace el desentendido, no quiere pensar en ello. Si extiende las piernas, la lluvia le moja los tobillos. Que se pelearon, que ella 
Sí, ya sé. No lo digas. ¿Estás borracho? Sólo un poco, no hablemos de eso. Le esquiva la mirada y pita el cigarrillo, siente la mano de ella sobre la suya. Hey, mirame. Pero se niega a verla, se esfuerza en distinguir los ladrillos a través de la lluvia, exhala un hilo de humo vacilante.
Ella sostiene el cigarro con los labios mientras se quita la capucha mojada, da una pitada, guarda silencio. Mira con desaprobación la botella sin abrir, estira las piernas. A ella, la lluvia ni le roza las puntas de los dedos de los pies. El viento intermitente arrastra sólo un par de gotas hasta sus zapatillas.
El agua cae con fuerza sobre las baldosas grises un segundo sí, después, en menos de un minuto, se aplaca y se convierte en una llovizna silenciosa. Él le rodea la manita con la suya, como para sentir más fuerte ese contacto que dice acá estoy no diciendo nada.
Se escucha el celular adentro. ¿No lo había apagado? piensa él, reconoce el tono de llamada. Ella no sabe que ciertas personas tienen un tono distinto. Suena Smile like you mean it por unos segundos y se apaga, sin que ninguno de los dos amague moverse.
Incluso ebrio, insomne, destrozado, siente los pasos por el pasillo y el picaporte casi imperceptible girando despacio. Aprieta su mano, gira la cabeza para mirarla y le plata un beso en la boca.
La boca le hiede a tabaco y alcohol, y será que ella lo esperaba o sólo lo quería como a nada, desde siempre, que cierra los ojos -esa costumbre incomprensible de todo el mundo de juntar los párpados al separar los labios y no ve la puerta que se abre y una figura que se asoma dubitativa. 
¿Est...? Ella se aleja al oír la voz, la ve detenida en el vano, con la mirada teñida de sorpresa, dolida. Sí, estás, la oye murmurar, con un nudo en la garganta. 
(Y él, con sabor a tabaco, alcohol y esa cosa dulzona que dicen que es la venganza; que no puede enfocar bien y no encuentra consuelo en lastimarla.)

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