Chocolate

Se aparece en la puerta con una caja de bombones, un morrito arrepentido y diciendo está bien, no voy a hacer más escenas. Ella no puede resistirse. Hablan dos segundos de banalidades, toman un café rápido, y los bombones quedan abandonados sobre la mesa de luz, junto con un corpiño al que nadie le tiene cariño. Se ríen, ella dice odio ese broche, te juro, y le muerde el cuello.
Igual que con los pronombres si intentara contar semejante escena, el verlas tiradas en la cama después, abrazadas; es un lío de brazos y piernas y cuerpo de mujer donde no se entiende quién es quién, dónde empiezan o dónde (por favor, lector, no malinterprete) acaban. Ella (son dos, pero ella al fin y al cabo) se estira y, alcanza la caja de bombones. Todavía no los probé, pero no confío en tus regalos. El primero te lo cedo; bromea. Se lo da en la boca, con una sonrisa divertida.
Todavía no estoy muerta, asegura luego de tragarlo; y le muerde un cachete con suavidad. Le cuesta una eternidad desenredarse de las sábanas y de su pelo para poder tantear el suelo hasta dar con los cigarrillos. Enciende uno, y acomoda la almohada bajo su cabeza antes de soltar el humo.
Ahora mi vida está completa, dice. Y sos toda mía, agrega, le quita de las manos el bombón que ella iba a comerse y, en su lugar, le planta un beso con sabor a chocolate y Lucky Strike.
Ella duda si decirle o no decirle. A pesar de todos los que puedan decir lo contrario, se considera una persona honesta. Eh, Mini; dije, bajito. ¿Qué pasa? Si está envenenado, no fui yo.
Decidimos volver. O seguir. Intentarlo. Balbucea, le cuesta armar una frase. Siente en el aire el momento en que ella la entiende y se vuelve pura furia. Ah, masculla; mientras se incorpora. Mini, por favor. Pero Mini se viste con el cigarrillo colgándole de los labios, amenazando con chamuscar la camiseta cuando se la pasa por la cabeza.
Está bien, dije que no iba a hacer escenas de celos; dice, con sarcasmo. Deja el bombón en la caja (o, más bien, lo tira); y se ata el pelo con brusquedad. Nos vemos. Tiene la voz un poco ronca, de rabia o de llanto contenido. Ella no lo sabe y no atina más que a decir Mini, otra vez, y escuchar el segundo portazo en unos pocos días.

4 comentarios:

Lucy in the sky - dijo...

27 lectores ya :). Me alegro.
Te está quedando buena la historia, Andre (:. Y me gustó el leve cambio de look del blog.
Besos, doña, que ande más que bien.

Solchu J. dijo...

Como si los chocolates fueran la solución milagrosa de todos los males :(
Ojalá.
Panza llena corazón contento dicen algunos...


Me encanta este blog :)

raisuna adimar dijo...

corazón contento que adelgaza dicen algunos...

Nati dijo...

Qué preciosamente relatado.