Leer

Papá toma para estar contento, porque es un borracho alegre, pero sobrio la sonrisa se le invierte y el ceño se le frunce. Mamá no toma porque tiene que ofrecer otro plato, alcanzar el queso, preguntar si les gustó la salsa, decir estás muy flaco nene. La Rusa no toma por su panza de tres meses, que ni se notaría si no fuera por la sonrisa esperanzada y cómo el novio le hace mimos despacito alrededor del ombligo. El novio sí toma, y papá no lo quiere porque es un zurdo barbudo sin futuro; pero la Rusa no dice nada y en realidad él, con las rastas y todo, gana más que todos en la mesa.
Ellos dos, sí toman. Ya es como la tercera copa, para aflojar el teatro, para no sentirse tan huecos con esa mentira encima. Ella, claro, siempre fue excelente actriz. Se ríe, dice sí, si es nene Giovanni, es un nombre hermoso, ¿le van a poner los dos apellidos? y el vino en su copa va desapareciendo, para aflojarle los hombros tensos, el golpeteo nervioso de los dedos contra la mesa, el deje metálico de la carcajada. Él puede leerla y en la forma en que presiona la copa al beber sabe que está pensando unos tragos más y me sentiré bien, me sentiré como si todo ésto no fuera mentira, como en casa.
Se entretiene buscando signos en los demás para no leerse a sí mismo. Se sirve otra copa, ofrece a todos, sonríe aunque le cueste. Ella es la única que lee los nervios, la inseguridad, la forma en que el hoyuelo de la mejilla derecha se vuelve rígido al mirarla a los ojos. 
Se conocen. Él puede leerla y le sirve la copa casi llena, hasta que no queda ni una gota en la botella, porque sabe que lo necesita. Para que se borroneen las líneas y no puedan leerse más, porque conocerse así a veces es incómodo, a veces preferirían que no. Él entiende el anhelo en la mirada, ella entiende el dolor en la sonrisa, y mientras la botella vuelve a la mesa, se dicen en silencio todas las palabras que habían quedado solas en la calle. 
Mamá trae otra botella, una copa afloja la conversación, la siguiente levanta risas más que sinceras. En otra vuelta a la mesa, la botella regresa vacía, los cubiertos se cruzan sobre los platos y la charla los lleva a tomar café al living. Nena, ¿vos creés que el bebé pueda tomar cafeína? dice mamá, y la Rusa se resigna a tomar un té de boldo para complacer a la futura abuela. 
Se despiden, la Rusa promete que, si lo convence al novio, la feliz pareja va a apadrinar al niño o niña. Se miran de reojo, salen lo más rápido posible y huyen en silencio hacia la esquina. 
Se detienen a prender los respectivos cigarros, ella pregunta cuándo vamos a decirles, él dice ¿vamos a mi casa? 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mis comentarios son repetitivos, pero ME ENCANTA!
Danniela.

Solchu J. dijo...

Muy bueno.
Subi con mas frecuencia que si no me pierdo! jajaja
los tengo que leer de nuevo!

Besos!

Lucy in the sky. dijo...

Entré a este blog porque me dí cuenta que sólo había leído la primer entrada. Me gusta, che. Está bueno.
Por fin entendí cómo mierda funciona lo de la tabla (ni que fuera difícil; pero bueno xD).
Es más, hasta me dieron ganas de escribir una novela así a mí también. Si algún día la hago, te notificaré; está de más decirlo.
Te sigo y te leeré en la próxima entrada, entonces :).
Saludos a mi colega Teletubbie adicta al dulce de membrillo e.e.

Nicole Kinder dijo...

Siempre te digo lo mismo, pero blda no ay palabras nose.
ME ENCANTA!!

AndreeButts dijo...

como te dije por el Twitter no es el mejor capítulo pero está bueno, valió la espera desde taaan lejos :)
aquí esperaré es próximo! ^^