Molestar

¿Seguís con ella? Le pregunta mientras prepara café. La máquina de expressos lleva rota casi desde que se mudó, y se ve obligado a sostener el filtro con una mano y dejar caer el agua con la otra, durante una pequeña eternidad.
Ella fuma en la ventana, tarda un segundo demasiado largo en contestar. Sí, supongo. Aunque está un poco ofendida, siempre dió por hecho que ella era más importante que vos. Agrega, con tono de cansancio. No va a decirlo pero se siente sola, con Mini mortalmente ofendida porque llore por alguien que no sea ella y los chicos decididos a no hablarle más por lastimar a su mejor amigo. Se aguanta porque está convencida de que lo merece.
¿Leche? Ofrece él, mientras le pone un poquito a su taza. Ella niega con un gesto de la cabeza. La última semana estuvo horrible, pero ya empieza a asomar la primavera, y deja la ventana abierta para que el aire fresco, pero tolerable, los acompañe.
Se sientan en el sillón, los dos con los pies en la mesa ratona y las tazas sobre el regazo. Ella se estira para alcanzar el cenicero de la mesa y colocarlo sobre el posabrazos, y procura mostrarse interesada en la forma en que se consume su cigarrillo. ¿Qué vamos a hacer? Pregunta al fin, cuando el silencio empieza a zumbarle como una mosca molestando junto a la oreja. La respuesta, claro, no le sirve de nada. No sé, la verdad. Él sorbe el café con aire ausente.
Ya está, digo, ya la cagué; reconoce ella, en voz baja. No recibe respuesta. Quiere llorar pero no quiere mostrarse débil, quiere decirle no te vayas pero se niega a suplicar. Da una pitada, mirándolo de reojo.
Supongo que, en realidad, no puedo perdonarte. Le costó admitirlo, pero es verdad. Su amor no llega a tanto. Sería más fácil perdonarla, claro, porque el dolor que tiene dentro lo está matando. Pero no puede, por más que quiera. Podríamos seguir igual, agrega, aunque no está muy seguro de lo que dice. 
Intentarlo. Se terminan el café sin decir nada más. Hay tantas cosas en el aire, humo de Marlboro, el vapor que surge de las tazas, las cosas que piensan revoloteando todo alrededor; que parece que se ahogaran. Dejan las tazas vacías sobre la mesita y salen al patio, fuman un pucho apoyados en la pared, dándole vueltas a sus opciones. Capáz es que no quieren tirar todo a la mierda o que ya se prometieron tanto que no pueden dejar las cosas así. Está bien, dice ella, puedo conformarme con eso. ¿Vas a volver a verla? Pregunta él, y ella niega con la cabeza. 
Es un poco extraño, demasiado tenso acercarse, detenerse con la cara demasiado cerca y no saber si están eligiendo bien. Finalmente, se besan despacio, como probando si son los mismos, buscando algo. Dejan los cigarrillos humeando en el alféizar de la ventana, y cierran la puerta tras ellos al entrar.

*Nota: Cambié la palabra original, "fastidiar", para adaptarme al contexto.

2 comentarios:

Solchu J. dijo...

"Quiere llorar pero no quiere mostrarse débil, quiere decirle no te vayas pero se niega a suplicar"

Nunca nos mostramos debiles, no podemos. Es dificilicimo aceptar cosas asi...


Me encanta como describis los sentimientos de cada uno! Te hacen pensar "Yo me senti asi una ves!"
Es increible.

Mylilith dijo...

Me gusta como escribes, cómo dibujas esa habitación, ese humo. Enhorabuena.
Saludos