Dinero

¿Quién fue que dijo que nadie habla de aquello que ocurre por debajo de la cintura? Ni de sexo, ni de estreñimiento (qué palabra horrible, estreñimiento), ni de dinero. Sobre todo, de dinero. Claro, se entiende por qué.
Tiene que cobijarse en la entrada de un edificio para que el viento no le impida encender el cigarrillo. Cuando vuelve a la calle, encoge los hombros y hunde la barbilla en el cuello de la campera. Se siente humillado.
Es como una forma distinta de decirte pelotudo, ¿no? Sos tan pelotudo, es tan obvio que vas a perder, que ahora pagás mi trago sin quejarte, que (pita el cigarrillo, hondo, rogando que entre todas esas toxinas haya mexclado algún psicotrópico, como haloperidol o clorpromazina, algo que le calme.) dejás que yo te tironee de acá para allá, que dejás que ella te engañe y la perdonás una, dos, todas las veces.
Piensa que debiera haber traído la moto, que cómo le gustaría ahora ir hasta la ruta, subir mucho más de cien, alejarse lo más posible de esta ciudad de mierda, de todas esas cosas en su vida que se están derrumbando. 
Dos cervezas no me hacen nada, debería haber venido en moto, dice, se concentra en eso y no en la mueca burlona de Mini, en la sonrisa compasiva de la bartender. No quiere pensar en esa noche en que se encontraron a Mini en el bar, en que ella lo convenció de invitarla un trago. Por los viejos tiempos, dijo. 
Fuimos amigos, piensa él. Fuimos amigos durante toda la secundaria, piensa. ¿Habrán estado juntas entonces?, piensa. Apura el paso. Quiere llegar a casa, quiere agarrar la moto y correr. Tan rápido y tan lejos como pueda, correr.

2 comentarios:

Fiore ♥ dijo...

que tengas un hermoso 2012 lleno de sueños

Lucy in the sky - dijo...

Cuando empezaba a dudar de si algún día se te cantaría el culo seguir con este blog...
Saludos, Andre.