Soñar

Últimamente le cuesta dormir. Antes no sentía culpa. Mini decía lo que no sabe no puede lastimarlo, y ella no sentía culpa porque no lo lastimaba. Pero ahora él está herido, sus amigos ya no le hablan, la gente la mira con asco. Cuando cierra los ojos escucha muy fuerte a su conciencia, y no puede dormir.
Mini, Mini también está distinta. Más posesiva, más celosa. Una vez Mini dijo,  puedo aceptar que lo quieras a él mientras sepa que me querés a mí. Pero ahora no, ahora... Suena el teléfono, ella lo busca a tientas, presiona el botón correcto sin mirar la pantalla. ¿Sí? La voz cantarina que la saluda desde el otro lado evapora todos los malos pensamientos. ¿Puedo pasar por tu casa? 
La espera fumando un cigarrillo en el balcón. Contenta porque ella sonaba contenta en el teléfono; sonriente porque sabe que cuando abra la puerta, en el pasillo la va a esperar su sonrisa. Tenía miedo de que no fuera a hablarle nunca más, de que el enojo no se le fuera a pasar nunca. Pero ahora no piensa en eso, sólo en su cigarrillo y en la impaciencia que siente.
A veces le cuesta entenderse a sí misma. Cómo puede amar a dos personas al mismo tiempo, con tanta intensidad, de formas tan iguales, tan distintas.
Pero Mini lo borra todo. Como su llamada, el golpecito de la puerta y cómo te extrañé, hermosa; lo linda que está y sus besos que saben a frutas y a alcohol, todo se oscurece cuando aparece ella. También el insomnio desaparece. El sueño viene con facilidad después de hacer el amor, después de los besos perezosos que se acompañan con un cigarrillo, después de su sonrisa y dulces sueños, vida. Dulces sueños. 
(Después, ella hubiera preferido dormir sin soñar.)

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